Evaluar propuestas tecnológicas sin ser técnico

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    Los directivos de empresas medianas se enfrentan regularmente a propuestas tecnológicas que no pueden evaluar con sus propios conocimientos. El proveedor habla en un idioma técnico, los números parecen razonables y la presentación es convincente. Pero, ¿cómo saber si la propuesta es buena sin ser experto?

    Pregunte por el problema, no por la solución

    La primera pregunta ante cualquier propuesta tecnológica debería ser: ¿qué problema concreto resuelve esto? Si el proveedor no puede articular el problema en términos de negocio (no técnicos), la propuesta está más centrada en vender la solución que en resolver su necesidad.

    Un proveedor que entiende su problema le explicará qué pasa si no hace nada, cuál es el impacto operativo y financiero y por qué su solución es la más adecuada para su contexto. Si va directo a las funcionalidades, desconfíe.

    "Si el proveedor no puede explicar el problema en términos de negocio, la propuesta no es para usted."

    Pida el coste total, no el presupuesto

    El presupuesto es lo que le van a facturar inicialmente. El coste total incluye licencias, implantación, personalización, migración de datos, formación, mantenimiento anual y el coste de su propio equipo durante el proyecto.

    Pregunte explícitamente: ¿cuánto habremos invertido en total en tres años? Si el proveedor no puede responder con precisión, es una señal de que los costes están subestimados.

    Pregunte por los fracasos, no por los éxitos

    Todo proveedor tiene referencias de éxito. Pocos mencionan los proyectos que no salieron bien. Pregunte: ¿en qué tipo de empresa no funciona bien esta solución? ¿Cuáles son las causas más frecuentes de fracaso en implantaciones similares? ¿Qué condiciones debe cumplir nuestra organización para que esto funcione?

    Las respuestas a estas preguntas revelan si el proveedor tiene la madurez y la honestidad para ser un buen partner o si solo está vendiendo.

    Busque una segunda opinión independiente

    Pedir una evaluación independiente de una propuesta tecnológica no es desconfianza. Es diligencia. Un asesor independiente puede revisar la propuesta, identificar riesgos ocultos, validar si el coste es razonable y confirmar si la solución es adecuada para su contexto.

    El coste de una segunda opinión es una fracción del coste de un proyecto mal dimensionado. Y la perspectiva independiente aporta información que el proveedor nunca proporcionará.

    "Pedir una segunda opinión no es desconfianza. Es diligencia."

    No necesita ser técnico para evaluar propuestas tecnológicas. Necesita hacer las preguntas correctas: sobre el problema, sobre el coste total, sobre los fracasos y sobre la dependencia. Y cuando la decisión es importante, buscar criterio independiente es la mejor inversión.

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    ¿Tiene una propuesta tecnológica encima de la mesa y no está seguro?

    Una segunda opinión independiente le dará la perspectiva que necesita para decidir con confianza.