Qué preguntar antes de contratar un integrador

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    La integración de sistemas es uno de los proyectos tecnológicos con mayor impacto operativo y mayor riesgo de sobrecoste. La diferencia entre un proyecto exitoso y uno que se convierte en un sumidero de recursos está en las preguntas que se hacen antes de firmar el contrato.

    ¿Qué problema concreto resuelve la integración?

    Antes de evaluar integradores, la organización debe tener claro qué sistemas necesita conectar, qué datos deben fluir entre ellos, con qué frecuencia y qué pasa cuando la integración falla. Sin esta definición, el integrador definirá el alcance por usted.

    La definición del problema debe ser independiente del proveedor. Si el integrador es quien define qué hay que hacer, diseñará una solución que maximice su facturación, no necesariamente la más eficiente para la organización.

    "Si el integrador define el problema, diseñará la solución que maximice su facturación."

    ¿Quién es dueño del código y los conectores?

    Muchos integradores desarrollan conectores propietarios que crean dependencia. Si la empresa quiere cambiar de integrador en el futuro, descubre que los conectores no son portables y hay que rehacer el trabajo desde cero.

    Antes de firmar, pregunte explícitamente: ¿quién es propietario del código desarrollado? ¿Se utilizan estándares abiertos o conectores propietarios? ¿Cuál es el coste de migración si decidimos cambiar de proveedor?

    ¿Cuál es el coste de mantenimiento real?

    Las integraciones no son proyectos que se terminan y se olvidan. Los sistemas cambian, las APIs se actualizan, los volúmenes de datos crecen. El coste de mantenimiento anual puede superar el coste del desarrollo inicial en pocos años.

    Un buen integrador documentará las integraciones, usará herramientas estándar y entregará la capacidad de mantener el sistema internamente o con cualquier otro proveedor. Un mal integrador creará dependencia por diseño.

    ¿Cómo se gestiona cuando algo falla?

    Toda integración fallará en algún momento. La pregunta no es si fallará, sino cómo se detecta el fallo, quién lo resuelve, en cuánto tiempo y qué pasa con los datos mientras tanto. Un SLA claro con tiempos de respuesta y mecanismos de escalado es imprescindible.

    Pida referencias de clientes que hayan tenido incidencias con el integrador. La calidad del soporte en momentos de crisis dice más del integrador que cualquier presentación comercial.

    "La calidad de un integrador se mide en las crisis, no en las demos."

    Contratar un integrador de sistemas sin hacer las preguntas correctas es una garantía de dependencia y sobrecoste. Documentar los requisitos de forma independiente, exigir estándares abiertos y definir acuerdos de nivel de servicio antes de firmar son los tres pilares de un proyecto de integración exitoso.

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